miércoles, 23 de julio de 2014

CRIPTOMONJES II

Gracias por el apunte. Lo he vuelto a leer. Derrocha ingenuidad por los cuatro costados. La que a todos nos sobró. Que si los derechos humanos, que si los fueros...que si los secretos del alma, que si la amistad y la confianza. Algunos estábamos muy perdidos. Llamados a salir por la puerta grande antes o después.

Se lo oí a un ciudadano francés del suroeste, "cuando era pequeño e íbamos a Irún nos parecía el tercer mundo, la gente pobre, las casas viejas y feas..." En confianza.
  Seremos coetáneos.



Y así lo dice Tony Judt:

"A un visitante que entrara en España desde Francia digamos en 1970, el abismo que separaba ambos lados de los Pirineos se le antojaría inmenso. Los más de treinta años de régimen franquista habían acentuado el atraso social y el aislamiento cultural en el que España había languidecido durante gran parte de los dos siglos anteriores y, dentro de la cultura política europea, su sistema resultaba todavía más anacrónico que al principio. A primera vista, los 60 parecían haber pasado completamente de largo por España: cosas como la estricta censura, la rígida aplicación de normas reguladoras de la vestimenta y el comportamiento públicos, la omnipresencia de la policía y unas leyes penales draconianas para los críticos políticos apuntaban a que el país estaba congelado en el tiempo y que su reloj histórico parecía haberse detenido para siempre en 1939."

Actuaciones policiales y judiciales recientes señalan que siguen quedando raíces.

"Sin embargo, si se prestaba un poco más de atención, se podía ver que España o por lo menos el norte y las ciudades estaba cambiando con bastante rapidez. Franco era un dictador estricta y auténticamente reaccionario, pero, a diferencia de su vecino Salazar, también era realista en cuestiones económicas. En 1959 España abandonó las prácticas autárquicas de las dos décadas anteriores y, a instancias de un grupo de ministros del Opus Dei, adoptó el Plan nacional de estabilización con el objetivo de contener la endémica inflación del país y abrirse al comercio y la inversión. Al principio, las consecuencias económicas del plan -impuestas con firmeza y sin concesiones- fueron severas: la devaluación, los recortes presupuestarios, la congelación de créditos y las restricciones salariales redujeron la inflación, pero obligaron a decenas de miles de españoles a buscar trabajo en el exterior.

No obstante, el sector privado se encontró más libre para expandirse. España se incorporó al Banco Mundial, al FMI, al GATT y fue admitida como miembro asociado en la OCDE. La nueva política económica franquista eligió un momento propicio. El sector interno español había estado protegido de la competencia durante los primeros años del auge económico de postguerra en Europa, pero ahora se abría al comercio exterior en el momento justo. A partir de 1961, el PIB comenzó a crecer paulatinamente. El procentaje de mano de obra rural cayó drásticamente cuando los jornaleros del sur y el oeste comenzaron a emigrar al norte para trabajar en fábricas y en el floreciente sector turístico: en 1971 sólo uno de cada 5 españoles trabajaba en labores agrícolas. A mediados de los 70 España ya había dejado de ser un país en vías de desarrollo."

Nací en un país en vías de desarrollo. Pero hay muchos niveles en el desarrollo. Tener tele y coche no soluciona todos los desarrollos.

"No conviene exagerar el milagro económico franquista. España no sufría el peso residual del imperio y, por tanto no tuvo que enfrentarse a los costes económicos y sociales de la descolonización. Gran parte del dinero extranjero que entró en el país no procedía de la exportación de productos fabricados en España, sino de las remesas enviadas desde fuera por los trabajadores emigrados o por los turistas del norte de Europa, en suma, la modernización económica de Europa se derivó en gran parte de la prosperidad de otras naciones. Transporte, educación, infraestructuras sanitarias seguían estando muy retrasados. En 1973 la renta per cápita era inferior a la de Irlanda y no llegaba a la media de la CEE".

Mientras, en los centros de estudios de numerarios y  numerarias esparcidos por toda la geografía se agolpaban muchos hijos de familias de clase media alta, convencidos y convenciéndose de que tenían que sacrificar su vida para llevar la luz al mundo. Fue la época dorada del Opus Dei con la juventud. Fundaron colegios como champiñones, y los "clubs juveniles" añadidos. La mayoría de la juventud española no entró, pero un porcentaje significativo de gente válida para la sociedad perdió un tiempo precioso, un dinero y la salud, cuando no la vida en esta quimera que seguía mirando hacia atrás en vez de hacia delante. Otros supieron ponerse a cubierto a tiempo.

El plan de Estabilización de los ministros Opus Dei produjo disparidades económicas y perturbaciones. ¿Soy yo o estamos viviendo una reedición 2.0 con las medidas económicas PP? todo de oídas, de economía no sé.

"Desde finales de los 60 hasta la muerte de Franco, las huelgas, los cierres patronales, las manifestaciones y las demandas de convenios colectivos y representación sindical se convirtieron en un  rasgo de la vida española. El régimen se oponía categóricamente a cualquier tipo de concesión política, pero en una época en que tantos extranjeros visitaban el país, 34 millones en 1974, no podía permitirse ofrecer un rostro demasiado represivo."

De puertas para afuera.
No se sabe lo que está pasando en una casa de puertas para adentro.

Los conflictos laborales en España se mantenían dentro de las reivindicaciones estrictamente materiales. En los últimos años de Franco, el régimen no dependía tanto de la represión violenta como de una especie de asentimiento pasivo impuesto, de una despolitización cultural prolongada durante décadas. Estaba absolutamente prohibido que las protestas de diferentes sectores se unieran, los estudiantes por su lado, los mineros por el suyo, los católicos reformistas por el suyo.

De hecho cualquier opinión política digna de tal nombre se mantenía estrictamente en secreto y los partidos políticos independientes estaban prohibidos. Hasta 1967 el país ni siquiera tuvo algo parecido a una Constitución (Ley Orgánica del Estado) y en general los derechos y procedimientos existentes no eran más que medidas de cara a la galería, dirigidas a los socios occidentales de España. Franco, oficialmente regente de la monarquía suspendida,  indicó que le sucedería el joven Juan Carlos, pero para la mayoría de los observadores la cuestión de la Monarquía apenas tenía incidencia en los asuntos españoles. Hasta la función de la Iglesia católica, que seguía teniendo una importante presencia en la vida privada de muchos españoles, era limitada en lo tocante a las políticas públicas.

"El papel tradicional de España como baluarte de la civilización cristiana frente al materialismo y el ateísmo era un elemento primordial del programa de estudios primarios; pero a la propia jerarquía católica (al contrario que a los modernizadores criptomonjes del Opus Dei) se la mantenía bien lejos de las riendas del poder, situación que contrastaba enormemente con el espíritu de cruzada nacionalcatólica de la primera década del régimen. En junio de 1968, Franco aceptó por primera vez el principio de libertad religiosa, (¿fue el Concilio Vaticano II quien vino a modernizar España?) y permitió que los españoles practicaran abiertamente el credo que quisieran. Pero para entonces la religión misma estaba entrando en una etapa de prolongado declive: en un país que podía presumir de 8000 seminaristas a comienzos de los 60, doce años después no tenía siquiera 2000. Entre 1966 y 1975 un tercio de los jesuitas españoles abandonó."

Año en que se las prometían muy felices, nuevos centros, expansíón, muchas "vocaciones". Mucha gente, claro que no se contaban los que se iban. Eso nunca nos lo han contado. Sí nos han contado que se abrían casas en nuevas ciudades, obras corporativas, colegios...e iniciativas varias, con ellos en las altas esferas facilitando.
 Los demás decaían y ellos florecían. Orgullo santo. También en lo inmobiliario Opus Dei avanzaba a costa de otras "órdenes". Perdón por "otras órdenes". Años más tarde ¿no se quedaron para "colegio romano femenino" con un antiguo noviciado o convento cerca de Bruno Buozzi?

Hablaremos del ejército, famoso en  estos días. Y porque tienen media vocación.


"Durante los años de la posguerra el ejército español fue mimado y halagado. Su victoria en la guerra civil se celebraba anualmente en las calles de las principales ciudades y sus pérdidas se conmemoraron ostentosamente en el monumental Valle de los Caídos. Los ascensos y condecoraciones se multiplicaron: cuando cayó el régimen, había 300 generales y, por cada 11 miembros de otra graduación, un oficial, lo cual suponía la proporción más elevada en Europa al respecto." Y según el testimonio y cárcel de Luis Gonzalo Segura seguimos en la misma línea 40 años más tarde. La ley orgánica de 1967 decía que las fuerzas armadas garantizan la unidad e independencia de la patria, la integridad de sus territorios...¿qué pasará en otoño?

Sin embargo en la práctica las fuerzas armadas se habían convertido en algo superfluo. Durante décadas Franco había protegido al ejército de cualquier guerra exterior o colonial. A diferencia de Portugal y Francia, las tropas españolas no sufrieron en ese tiempo derrotas humillantes ni retiradas forzosas. El ejército, relegado en términos generales a una función ceremonial, era averso al riesgo, su tradicional conservadurismo se manifestaba cada vez con más entusiasmo en el retorno de la Monarquía, idenrificación ésta que habría de resultar beneficiosa durante la Transición....

Más cosas que no han cambiado, o no mucho. Los gobiernos favorecedores de amigos es hereditario del régimen anterior:

"Dirigían los destinos de España un reducido grupo de abogados, profesores universitarios católicos y funcionarios, muchos de ellos con claros intereses en las compañías privadas que sus políticas favorecían. Pero como la oposición política propiamente dicha estaba prohibida, las ideas reformistas y la presión hacia el cambio habrían de venir del interior de los mismos círculos del Gobierno -y no de una intelectualidad cuyos principales miembros se encontraban en el exilio-, alentados por la frustración que generaba la ineficiencia local, las críticas exteriores o el ejemplo del Vaticano II."

Judt no menciona más a los criptomonjes. Pero apunta que la transición española a la democracia se gestó desde dentro del los partidarios del franquismo, de sus propios ministros y cargos varios, lo cual ayuda a explicar su celeridad y su éxito. Cuando el país daba sus primeros pasos para salir del franquismo, las fuerzas tradicionales del cambio en España, liberales, socialistas, comunistas y sindicatos, tuvieron un papel subordinado.