miércoles, 15 de octubre de 2014

CATALUÑA

No sabemos, al menos yo no lo sé, si esos gastos del numerario en negro, eran para él o para el centro donde reside. Quizás al ser tan alto cargo, no está sometido a la "vida comunitaria", como la Urbano y demás "especímenes especiales". El arte sacro en la tienda familiar, sin ninguna duda. Las pastelerías Mallorca ¿para celebrar una fiesta A? el restaurante Lhandy ya tuvo que ser él con algún amigo. El típico plan apostólico que le llaman.
Lo que investiga el juez y ahí es donde duele, es que la emisión de preferentes que dejó sin ahorros a humildes pensionistas españoles, era una huida hacia adelante de la entidad insolvente. Insolventes, pero que las insolvencias las paguen los pobres con el sudor de su frente. Ellos a disfrutar. Si no hay cárcel para ellos ni multa ni devolución, se impone que se restaure el infierno, algún castigo deben de tener estas personas. No es posible que estemos pagando entre todos su alegría de vivir y los tengamos que volver a ver en altos cargos y de hombres de confianza, aprovechateguis sempiternos del sistema.




CATALUÑA, UN CASO MÁS DE “EGOÍSMO REGIONAL DEL RICO”

La Europa actual presenta otro rasgo curiosamente premoderno. La mayoría de sus ganadores, aquellas personas y lugares a los que les ha ido mejor desde el principio de esta unión y que asocian su prosperidad a una identidad enfáticamente europea, pueden describirse mejor no como naciones-Estado, sino como regiones. El historial más exitoso de Europa contemporánea lo tienen Baden-Wittenberg, en el suroeste de Alemania, la región Ródano.Alpes en Francia, Lombardía y Cataluña. Todas salvo una de estas superregiones (ninguna de las cuales alberga la capital nacional de su país) se agrupan en torno a Suiza, como si quisieran poder desembarazarse de las resticciones que les supone su asociación con las áreas más pobres de Italia, Alemania y Francia (y España) y ellas también quisieran convertirse, por proximidad y afinidad, en unas pequeñas repúblicas alpinas. Esta desproporcionada prosperidad resulta llamativa. La región Ródano-Alpes, junto con la del área metropolitana de París, representa un tercio del PIB francés.
Cataluña, en 1993, representó el 19% del PIB español, el 23% de las exportaciones españolas y un tercio de toda la inversión extranjera, y su renta per cápita fue aproximandamente un 20% más alta que la de la media global española.

Esta desproporción económica en el caso catalán, aviva el ya de por si bien alimentado fuego del separatismo regional. Resentidos por el deliberado fomento por parte de Franco de la inmigración castellana hacia Barcelona y su región (una estrategia dirigida a diluir los justificados sentimientos antifranquistas de los nacionalistas catalanes), los catalanes aprovecharon la restauración de la democracia en España para afirmar su propia identidad. La Ley de Normalización Lingüística de 1983 hizo del catalán la “primera lengua de instrucción” en las escuelas catalanas, si bien permitía el uso del español en las aulas. Diez años más tarde, la Generalitat dio otra vuelta de tuerca decretando el uso del catalán en la escuela para los niños de hasta 8 años. Esta afirmación de una identidad nacional (y no española) formaba parte de una serie de esfuerzos continuados por restringir la redistribución practicada por las autoridades de Madrid de los ingresos procedentes de impuestos y otras partidas en Cataluña entre algunas de las más pobres de las 17 Comunidades Autónomas de España.

Tal vez el catalán sea un caso extremo en el sentido de que los defensores de la Autonomía en esta región pueden esgrimir no sólo una autosuficiencia económica sino también una herencia lingüística antigua e intacta. La mayoría de las 15 áreas de la admnistración regional de Italia no pueden alegar esa diferenciación lingüística sin embargo, junto con los 5 distritos autónomos ( Valle de Aosta, Trentino-Alto Adigio, Friuli-Venecia Julia, Cerdeña y Sicilia, de los cuales los tres primeros cuentan con importantes minorías lingüísticas) no son menos categóricos en sus exigencias de una representación y poderes autónomos diferenciados. Los Länder alemanes no cejan en sus esfuerzos por mantener e incrementar sus prerrogativas (especialmente en educación, medio ambiente, turismo y cultura), restringiendo sus acuerdos con el gobierno nacional y dirigiéndose directamente a las autoridades europeas de Bruselas cada vez que tienen ocasión. Algunas de estas regiones alemanas, como Sajonia y Baviera, pueden hacer referencia a un largo pasado nacional propio, otras son invenciones administrativas recientes.

También en Francia muchas de las regiones oficiales actuales carecen de pedigrí histórico, son invenciones de la posguerra, nuevas combinaciones de unidades administrativas existentes pero caducas. En el caso francés, las descentralizaciones administrativas que dieron lugar a tales regiones no tienen más de 2 décadas de existencia; el poder real y la iniciativa en la toma de decisiones sigue estando en París.

En todo caso, ya sean reales o inventadas, las regiones ricas de Europa occidental han descubierto un fuerte interés en asociarse unas con otras, bien directamente o a través de las instituciones europeas. Y, como es lógico, en un interés que las enfrenta todavía más a la vieja nación-Estado de las que siguen formando parte. Esta fuente de conflicto no es nueva. En Italia, el resentimiento de los ciudadanos del norte por compartir el país con un sur “parásito” es tan antiguo como el propio Estado. El separatismo nacionalista flamenco de Bélgica, que floreció bajo los nazis y por esa misma razón permaneció inactivo tras la guerra, se ha beneficiado en los últimos años del declive económico de Valonia, nosotros los flamencos, sostienen, reivindicamos no sólo una igualdad lingüística y una administración propia, sino nuestra propia identidad y Estado (no belga).

A finales de los 80 estas regiones norteñas (en Italia y España) se estaban convirtiendo según su propio punto de vista, en los sectores económicos avanzados de unos Estados cuyos puestos administrativos e incluso de gobierno estaban cubiertos por personas procedentes de un sur empobrecido pero políticamente privilegiado. Por avatares de la historia, se veían como las víctimas de una relación que les unía, sin ninguna razón consistente, a unas comunidades semiajenas que las dominaban a la vez que dependían de ellos. Así es como los catalanes, la Liga del Norte italiana, los separatistas flamencos e incluso algunos escoceses ven su situación. También describe algunas actitudes checas hacia los eslovacos antes del “divorcio de terciopelo”…

El rasgo común de la reivindicación separatista en estos casos es que “nosotros” somos “europeos” –ciudadanos del norte, modernos, prósperos, que pagamos impuestos, mejor formados, lingüística y/o culturalmente diferentes– mientras que “ellos” –el rural, atrasado, perezoso, mediterráneo y subvencionado “sur”- de alguna forma lo son menos. El imperativo lógico de una identidad “europea” que se distingue de unos vecinos indeseables con quienes comparte un Estado que supone mirar hacia una instancia de autoridad alternativa, elegir “Bruselas” antes que Roma, Madrid, Belgrado o incluso la propia Bruselas.

El atractivo de la “Unión Europea” en estas circunstancias es el de la modernidad cosmopolita frente a las anticuadas, restrictivas (y, también se sugiere, artificiales e impuestas) limitaciones nacionales. Esto a su vez puede explicar la especial atracción de Europa para gran parte de la intelligentsia más joven de esos países.


Tony JUDT, ¿Una gran ilusión? Un ensayo sobre Europa.